COPEL, Problema De Estado – Fase Revolucionaria – El Golpe – TEXTO DE EX PRESOS SOCIALES COPEL

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Debían de tener mucha cautela. Un mínimo error en el momento inicial del asalto a la prisión hubiera frustrado el trabajo de cinco meses.
 
Por estrategia y convicción de lucha, la COPEL había mantenido públicamente todas sus reivindicaciones reformistas, en la esperanza de que a corto plazo fueran atendidas. Sospechaban que la más importante de amnistía a las víctimas nunca llegaría ante la traición a  los derechos humanos por la amnistía tendenciosa del 30-VII-1977, contrayendo que la reconciliación nacional pudiera ser una farsa por reconciliarse sólo la minoría.
 
La continuidad franquista de 1977 no podía sospechar que un reducidísimo grupo de presos víctimas del franquismo, sumergidos en un cubo de una planta de altura, sin comunicación visual ni oral, tuvieran capacidad de reconstrucción de la lucha y de imaginación de gran empresa tomando por asalto la macrocárcel de Carabanchel. Era impensable que 40 presos organizaran la toma por abajo y por las alturas de la cárcel, comunicando al mundo que las víctimas del franquismo existían. Responsablemente, los presos vivían la tensión. Estaban en la cuenta atrás. Se notaba su euforia para el combate. Se sentían ganadores. Al golpe debían de unirse otras cárceles y penales por la constante publicitaria desde el mes de febrero de 1977 al día 18-VII-1977. El trabajo meticuloso de los comunicados en miniatura, más la publicidad ordinaria de los paquetes de panfletos distribuidos también en el departamento de tránsito, lugar de paso obligatorio de todos los presos trasladados por el Estado, era necesariamente fundamental para la unidad de lucha ante el golpe, a la suma de los compañeros copelianos dispersados por los celulares penitenciarios del Estado que también actuarían.
 
Por estar descrita extensamente por capítulos, “la batalla de Carabanchel” la retomamos ahora a grandes rasgos:
 
Nueve copelianos suben encima de La Rotonda, donde son visibles desde las garitas de vigilancia. Allí permanecen con sus  medios de escalada y sus pancartas. Para acceder a la terraza de la sexta galería, tienen que ascender otras tres plantas, más la corona superior. El resto de los copelianos tienen que salir de su hábitat por la única puerta de la rotonda, que está cerrada. Se produce una llamada de emergencia por el interfono, avisando al carcelero de un ataque epiléptico. Cuando el carcelero llega para atender al enfermo, los presos en lucha flanquean la puerta, teniendo acceso a las dependencias carcelarias. Uno de los copelianos regresa, asomándose a la puerta del patio, informando a sus compañeros de arriba de que pueden subir para coronar la galería. De haber escalado primero, desde las garitas de vigilancia hubieran dado la alarma y los compañeros de abajo no hubieran podido abrir la puerta con cualquier pretexto.
 
Los copelianos del piso se autolesionaron con cortes de venas, cantando la canción de la COPEL, y desde el centro geográfico del panóptico llamaron a la revuelta política por los derechos humanos y la amnistía. Informaron a las galerías de que con un somier de cama podían romper el techo de la cuarta planta para acceder a las terrazas. En paralelo, los nueve copelianos que habían coronado la cárcel desde una pared vertical, desde arriba comunicaron con los presos que estaban en los patios para que defendieran sus derechos políticos, dando la misma información de acceso a los cielos: toda la cárcel tenía la información en vivo. Los jóvenes del Reformatorio preguntaron e informados desde arriba también coronaron las alturas propias. En este motín de la libertad pudo haber 1500 personas arriba, 1000 de Carabanchel y 500 del Reformatorio.
 
Los jóvenes del Reformatorio bajaron muy pronto desde sus edificios de dos plantas más la corona. En las terrazas de Carabanchel, los presos duraron cuatro días y tres noches, comprendidos del 18-VII-1977 al 21-VII-1977. La policía antidisturbios voló con explosivos la terraza de la sexta galería, única que no tenía guijarros, abriendo un gran agujero por el que emergieron los antidisturbios: Los presos, muy fatigados, se rindieron en ese momento. Atrás quedaba el acoso de los francotiradores de la policía y los ataques con bombardeos de botes de humo desde tres helicópteros policiales.
 
Durante esos cuatro días de lucha carcelaria acontecen diversos motines por la libertad en las cárceles franquistas del Estado. Las personas dispersadas de la COPEL cumplieron con sus funciones en la protesta general. Donde había copelianos, el conflicto crecía por los tejados o con las cárceles en llamas. En el año 1977 fue abundante la conflictividad contra las instituciones bárbaras, que tuvo continuidad durante 1978 destruyendo las ignominiosas cárceles franquistas para construir la paz. La recopilación pormenorizada de de estas luchas sociales puede verse en el libro “Cárceles en llamas” del historiador César Lorenzo Rubio, editorial Virus.
 
Aquellas luchas exitosas de las víctimas de la dictadura tiene su desabrío 38 años después: parece que aquellos sufrimientos extraordinarios están congelados en la frustración. No cabe duda de la potencia que tiene las instituciones sucias para anular manipular y ocultar los capítulos que hubieran reconducido la convivencia por la democracia en lugar de por la corrupción. El franquismo sociológico cronificado en las instituciones se vive en la tortura diaria por el arcaísmo inhumano en cualquiera de los planos sociales, empezando por las fosas secretas escondidas por el borbonismo y en la monumentalidad del culto faraónico a Franco entre miles de sus víctimas secuestradas en el panteón del genocidio. En este estudio de  crímenes franquistas y borbónicos damos gran importancia a la judicatura, un poder de Estado agazapado en la ignominia franquista porque el juez y magistrado borbónico cogió ese testigo de fondo con simulación en las formas, o con engaños y enmascaramientos, o para que la historia de España de crímenes contra los pobres no sea visible en la formación escolar, académica ni popular. Romper el cerco para que la veracidad de los sucesos trascienda en una labor digna y honorable, la inundación de luz en la España negra de los jueces y el revuelo togado de las circunscripciones anexas: La actividad actual de los crímenes franquistas que impiden la jubilación de las víctimas por los secuestros carcelarios de la dictadura que les impidió cotizar para jubilarse, es un buen ejemplo real de la transacción criminal entre togas. La toga no es negra por el color, sino por sucia, que es la característica pictórica del crimen de Estado. El secuestro carcelario de ciudadanos inocentes, los falsos culpables, es otro de los enlaces de la mugre de togas de continuidad. Sólo aparecen los inocentes cuando hay una pericial de ADN que recontrasta el abuso, porque a los hambrientos de carne humana no les queda más remedioi que reconocer a las ciencias. Estos caníbales de la vida no son nada inocentes ni ignorantes, sino lo suficiente ilustrados y juristas para que su banalidad no asegure la más mínima protección  a la gente más débil. Des siglo a siglo, de aquel a este, por sus largos brazos desaparecen las pruebas, corrompen testigos, la escoria sustituyendo a la imparcialidad: Y todo es porque políticos y magistrados son los mejores enemigos del pobre y del débil, en quienes buscan la justificación de su rango fangoso. Al no existir la justicia desinteresada, sólo puede existir como anécdota, la pura excepción que confirma la regla del crimen. La . regla del magistrado y su vecindad la fundamenta en la venalidad, el impulso de la corrupción, su incapacidad neutral, que no se atiene a mérito alguno porque todo se obtiene sin él, la farsa de un interés de poder basado en la discriminación. Por ello sustituyen el derecho en la arbitrariedad, que al no respetar sus propias leyes se convierten en Estado criminal. La justicia togada es la mano que domina el bolsillo, la discriminación como moneda estable se impone con fe judicial. La aceptación de comisiones, cenas, viajes, sexo o cualquier otro apaño desde los del poder, cualquiera de ellos, es el crimen contra el otro que nada tiene que ofrecer, el verdadero e impune desfalco de la sociedad.
 
Los sobrevivientes de aquellas luchas antifranquistas de la COPEL están muy apenados por la perpetración de aquellos crímenes. La lucha continúa.

FUENTE: EX PRESOS SOCIALES COPEL

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