COPEL, Problema de Estado. Fase Revolucionaria. Preparación – TEXTO DE EX PRESOS SOCIALES COPEL

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Las heridas de los presos en lucha van cicatrizando en los aislamientos a ojos de los testigos, pero éstos no pueden ver las heridas que permanecen en el corazón.

Habilitaron un rincón en la cárcel de Carabanchel, con una sola puerta para entrar y salir, llamado La Rotonda, situado al final de la sexta galería, residencia de los presos políticos, donde los presos de la COPEL carecían de comunicaciones con otros compañeros ante la inexistencia de ventanas que dieran acceso a la palabra. Los presos franquistas en lucha tuvieron gran capacidad para superar las barreras arquitectónicas. Aquí está la raíz del éxito de la revolución generalizada en las cárceles que iba a producirse pronto. En las comunicaciones con sus familiares y abogados, pudieron ubicar a presos afines en las grandes galerías, y enterarse así mismo de los traslados y destino de compañeros o  luchadores concretos a otras cárcles o penales.

Por su asamblea diaria, la COPEL decidió mantener la vía legal de las reformas solicitadas, con el derecho a la amnistía, recogiendo los medios periodísticos de la época estas pretensiones ante los comunicados de los presos desde febrero al día 18 de julio de 1977. Era fundamental que el borbonismo ignorara el propósito de realizar el asalto general al buque insignia del franquismo, la ocupación completa y prolongada de la cárcel de Carabenchel sin secuestros ni derramammiento de sangre.

La parte izquierda de la herradura del patio de La Rotonda daba a un muro lindero con el patio de los presos políticos. Ahí existía una puerta metálica cegada y fijada al marco con soldaduras. Por dos pequeños orificios de esa puerta metálica, la COPEL pudo comunicar con los presos políticos de la sexta galería. Rompieron el bloqueo. Los presos en lucha de La Rotonda necesitaban informar a sus compañeros de la macrocárcel para que, cuando llegara, se integraran en ella todas las víctimas del fraqnquismo, teniendo conciencia de su situación por la ayuda que pudieran ofrecerse a sí mismos, unidos en un frrente común por los derechos humanos.

Con gran precariedad, la COPEL construyó su imprenta, la que vemos en la foto que el colectivo de presos sociales tiene en su página del facebook. Consistía en una plancha lisa sobre la que se extandía con un rodillo artesanal la tinta a zul de los bolígrafos Bic. De las gomas lisas de las zapatillas cortaron y moldearon letras, valiéndose de las cuchillas de las maquinillas afeitadoras.

Por el gran ojo de la cerradura de la única puerta de acceso a La Rotonda, los presos vigilaban por turnos. Desde el inicio de la sexta galería, los carceleros tenían que recorrer 100 metros hasta la puerta de La Rotonda, dando tiempo a camuflar la imprenta. Cuando no daba tiempo o no estaba seca la tinta de los bolígrafos en los panfletos, un copañero epiléptico llamado Titejo simulaba uno de sus ataques. Le sujetaban para que no se mordiera la lengua y no se golpeara la cabeza y el carcelero le llevaba posteriormente a la enfermería para reconocimiento o  medicación.

Por el trasiego de las conducciones a otras cárceles, los copelianos realizaban un trabajo informativo con letra miniatura, que llegaba a los compañeros destinatarios distanciados utilizando diversas vías, entre otras, los cruces de los copelianos con otros presos cuando salían a las comunicaciones.

Los paquetes con los panfletos volaban por enciam del muro, recogiéndolos los presos políticos los distribuían a los presos sociales concertados de las macrogalerías de Carabanchel. Los presos políticos informaban a la COPEL del momento idóneo para lanzar y recibir la propaganda, una vez que estaba distraído o distraían al vigilante artmado de la garita de observación.

Obviamente, el contenido exacto de la variedad de panfletos construidos no se conserva, proque su posesión implicaba la requisa y la sanción, pero sí el contenido de varias frases de imperceptible variación. Al margen de las conocidas reivindicaciones humanitarias y de la amnistía, estas frases de similitud ocupaban los diferentes textos de cada uno de los paquetes de panfletos:

“No permitamos permanecer en el matadero de nuestra vida”.

“No confíemos en las palabras de derechos humanos del Borbón que ya nos ha engañado”.

“No nos dejemos llevar por ilusiones o sueños desesperados. Confíemos en la lucha organizada”.

“Aunque débiles y con escasa ayuda, nuestra resistencia colectiva es el medio de combate contra la inclemencia de los asesinos de nuestra vida”.

“Es preferible morir luchando por la libertad que sometidos a la destrucción de nuestra dignidad y nuestra condición de seres humanos”.

“La resistencia al crimen es motivo de nusestra respiración, la bandera del cambio por la justicia y la paz social”.

“No actúemos como fieras acorraladas auque lo seamos, siempre unidos y organizados en la lucha”.

“Sin atentar contra la libertad e integridad física de las personas, destruyamos las cárcles franquistas”.

“Viva la COPEL”.

Las fuerzas de seguridad del Estado franquista, con sus constructivos dirigentes, creían tener muy controlados a los presos activistas de los derechos humanos en el cubo de incomunicaciónen en el que les habían depositado. Los copelianos vivían una frenética actividad muy responsable, enterrando en al patio de herradura los materiales de elevación y de convicción: cuerdas finas y con nudos, ganchos pequeño y grande, pancartas, repartidos con los materiales de difusión de noticias compartidas dentro de la cárcel madrileña.

Para su promoción profesional y medios económicos, la policía y guardia civil franquistas falsificaban, con diferentes medios, causas penales que publicitaban en la prensa franquista. Con la detención de personas que no se conocían entre sí, creaban artificialmente bandas de ladrones. Utilizaban a empresarios ambiciciosos para denunciar falsos robos. Los empresarios corruptos se desembarazaban de prendas y objetos con defectos o averiados. Por infraestructura, los terroristas del Estado necesitaban armas de fuego y lugares discretos para la presión: las dependencias policiales. El plazo para la presión carecía de límites temporales, porque no había fechas garantistas de ingreso en los calabozos, o no constaban, o las retrasaban a conveniencia, incluso, por lo común, no constaba el lugar de la detención ni la fecha de la causa penal. En estos crímenes contra los pobres, la verdad era aplastada por el rotundo cinismo de la victoria fascista. Era necesaria la colaboración intencional premeditada de la jurisdicción franquista y de los ministros del Gobierno de la dictadura. Estaba todo tan bien atado que el juez que se atreviera a discrepar abiertamente sufría un programa de sanciones progresivas, desde la amonestación, pasando por el traslado de destino, ahsta la expulsión del cuerpo. El órgano persusasivo de los jueces se llamaba Inspección de Tribunales, que era el referente político de corrección disciplinaria. Estos repulsivos actos de falsificación de culpables han sido heredados por décadas borbónicas, porque nunca se corrigieron, llegando a la actualidad del siglo XXI con las cárceles muy infectadas, pudiendo destacar algunos casos muy notorios por ADN, pero este sería un estudio específico de investigación que escaparía al tema de la lucha humanitaria de la COPEL en la década de los setenta.

José Rivas, de la revista Ajoblanco, en un libro autobigráfico editado en el año 2007, denuncia que a los anarquistas la policía franquista les falsificaba causas penales en el derecho común. Lógicamente, José Rivas no conocía la destrucción de la verdad aplicada masivamente a los pobres, porque estos sucesos son uno de los secretos de Estado mejor guardados por el borbonismo para falsificar ante la sociedad al reconciliación nacional nunca aplicada.

FUENTE: EX PRESOS SOCIALES COPEL

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