VIDEO – GRUPO PRO PRESXS EN EL CENTRO DE EXTERMINIO VALDEMORO – CAMPAÑA HEPATITIS C EN LAS PRISIONES

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La estrategia de las plataformas de afectados estaría fundamentalmente encaminada a presionar al gobierno central y demás administraciones para que reconozcan en la práctica el derecho a la salud de todas las personas afectadas. Sus medios serían la actividad legal, jurídica y administrativa, la apelación directa a las instituciones, partidos políticos, sindicatos y asociaciones y la “visibilización” del problema ante la “opinión pública”, a través de su denuncia, debate y difusión en los “medios de comunicación” y de las movilizaciones dentro del marco legal vigente. Su objetivo final, que se integren sus demandas en la legislación y en los planes ejecutivos del Estado. Eso se ve claramente cuando piden a los partidos que se comprometan a asumir en sus programas electorales una serie de puntos en relación directa con sus reivindicaciones o cuando presentan, como podría hacerlo la “oposición” parlamentaria, un plan estratégico alternativo que podría servir de base a una negociación con el Gobierno. Se plantean pues un programa de “movilización social” estrictamente “democrática”, a desarrollar dentro de una composición de lugar eminentemente ciudadanista.

Si no nos equivocamos, muy pocos de los grupos e individuos a quienes nos estamos dirigiendo compartirán ese planteamiento. Nosotros tampoco, ya que, en realidad, no somos partidarios de la participación en el juego democrático estatal, que nos parece un sistema de autorregulación del régimen de dominación y explotación capitalista, de legitimación de todos sus abusos y manipulaciones, y de articulación de la “libre competencia” y de la servidumbre voluntaria dentro del ciclo trabajo-consumo. Nosotros pensamos más bien en la segregación del sistema, en aprender a solucionar los problemas por nosotros mismos librándonos cuanto antes de la dependencia con respecto a él, creada por el monopolio estatal y capitalista del planteamiento y solución interesada de todos los problemas básicos de la vida social. Pero, entonces, ¿por qué nos dirigimos a los grupos anarquistas y anticarcelarios para proponerles participar en esta convocatoria?

Porque el rechazo de una actividad que no aspira en principio a salir del marco “democrático”, sino a lograr unos objetivos o reivindicaciones dentro de él, y su descalificación como “reformista” o “colaboracionista” nos parece retórica hueca, cuando no se tiene fuerza, ni siquiera una mínima entidad colectiva, para tomar otra opción, para hacer otra cosa que no sea proclamar a grandes voces nuestros irrealizables deseos de destruir las cárceles, el Estado y el Capital. Quedándose ese rechazo en mero gesto testimonial que nos deja una vez más encerrados en la irrelevancia del gueto. Dada la inexistencia de un movimiento real, que sea anticarcelario por ser efectivamente antiestatista y anticapitalista, no se trata de tomar un camino u otro, sino de trabajar por constituir una colectividad consciente, una comunidad de lucha capaz de marcarse objetivos y esforzarse por alcanzarlos decidiendo en cada momento de qué modo.

Porque, hoy por hoy, no estamos en condiciones de aspirar seriamente a obligar al régimen de dominación y explotación a hacer esto, lo otro o lo de más allá en nuestro beneficio o a dejar de hacerlo en contra nuestra, cediendo ante nuestra presión directa por miedo a una insumisión colectiva todavía mayor. Y mucho menos en condiciones de aspirar a neutralizar su poder sobre las condiciones de vida de una cantidad significativa de gente. Y no lo estamos, porque somos cuatro gatos dispersos, sin organización ninguna y sin ninguna capacidad para ponernos de acuerdo más allá de algunos débiles gestos reivindicativos.

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Porque, en consecuencia, pensamos que nuestro objetivo a corto plazo tiene que ser dar a nuestras energías, las de al menos unas cuantas personas concretas, una articulación que no solamente adquiera una cierta permanencia y continuidad, sino que tienda a expandirse. Supongamos que se formaran una serie de grupos de afinidad anticarcelarios, constituidos no por compromiso estético o ideológico de sus integrantes, sino por su implicación verdadera en los concretos problemas que están intentando plantear, y capaces de autoorganizarse en una lucha efectiva, aunque sea de corto alcance, pero basada en las necesidades reales y en los deseos concretos de sus componentes, que alumbraran objetivos y proyectos fijados de manera pragmática y realista, a perseguir con los procedimientos y herramientas que fueran capaces de desarrollar en su realización. Al surgir en una situación en la que la amenaza punitiva afecta por igual a mucha gente, es de suponer que sus necesidades, deseos y objetivos, incluso sus prácticas, iban a tener mucho en común desde un principio. Y supongamos que, por eso mismo, esos grupos decidieran coordinarse horizontalmente acordando por medio del diálogo directo una estrategia común y desarrollando unas tácticas de acción colectiva que les permitan plantearse objetivos concretos cada vez de mayor alcance… Mientras no hayamos andado un buen trecho en el camino hacia todo eso, dárnoslas de radicales es fanfarronear.

Porque el abandono sanitario de las personas presas es uno de los principales factores que hacen de las cárceles máquinas asesinas y debilitadoras tanto de los impulsos rebeldes en los oprimidos como de quienes caen entre sus engranajes por dejarse llevar por esos impulsos, contribuyendo a crear una infraclase de individuos degradados y debilitados aptos para ser utilizados como chivo expiatorio social, justificando el control punitivo sobre los pobres, pues ya sabemos que los de arriba pueden hacer impunemente lo que les dé le gana.

Porque, con sólo plantear públicamente la cuestión de la discriminación sanitaria en el tratamiento de la hepatitis C, se está señalando claramente este hecho, y resulta positivo que una parte significativa de la población (hay un mínimo de 700.000 afectados de hepatitis C) se dé por fin cuenta de que los presos no son sencillamente los malos o los estúpidos que sufren por serlo un merecido castigo, sino gente de abajo como ellos a quienes la administración niega las prestaciones sanitarias y el reconocimiento de unos “derechos fundamentales” cuya defensa es lo único que puede justificar la existencia del sistema penal y la sumisión al orden jurídico y político vigente. Y de ahí surge directamente no sólo el sentimiento, la idea y la experiencia de la solidaridad, sino la deslegitimación frente a ella del poder punitivo del Estado.

Porque ese testimonio de solidaridad y de apoyo por parte de la gente de la calle, que rompe claramente las condiciones de incomunicación y aislamiento mutuo impuestas a los dominados por los aparatos de poder, puede hacer que las personas presas afectadas (al menos unas 14.000) se animen a movilizarse juntas, a unirse en la lucha, llegando quizá la presión desde abajo a obligar al Estado y a sus agentes a hacer promesas cuyo incumplimiento se podría denunciar poniéndoles más y más en evidencia y hasta a cambiar las medidas que tenían previstas. Logrando así quienes participen una buena experiencia de su propia fuerza y de cómo se constituye y actúa, viviendo un primer paso hacia la rebelión frente a todos los abusos que se cometen cotidianamente en las cárceles y frente al abuso total que supone su misma existencia.

En resumen, porque nos parece que la convocatoria de las plataformas de afectados ofrece una oportunidad de articular prácticamente, con participación de más gente que nunca, una argumentación antipunitiva, antiautoritaria, antiestatal y anticapitalista. Confluir con ellas en una convocatoria puntual no nos obliga a asumir sus planteamientos ciudadanistas renunciando a los nuestros. Si tenemos claras nuestras posiciones, podemos defenderlas en todo momento, en la teoría y en la práctica, contribuyendo al mismo tiempo a crear una situación que podría ser el principio de una movilización más amplia de las personas presas, sus amistades y familias, reivindicativa al principio, pero con posibilidades de extenderse más allá, dada la evidente facilidad para relacionar el abandono sanitario con la infinidad de abusos y humillaciones a que da lugar la misma existencia del sistema penal.

Por todo eso, a todas las personas y grupos libertarios, anarquistas, autónomos… que vean en la lucha contra la cárcel, el sistema penal y el poder punitivo del Estado un aspecto fundamental de la lucha por abolir el régimen totalitario de dominación y explotación que nos oprime, les proponemos sumarnos a la convocatoria de la coordinadora de plataformas de afectados por la hepatitis C a concentrarse ante las cárceles, delegaciones del gobierno y juzgados de vigilancia penitenciaria de todo el territorio dominado por el Estado español, el próximo 26 de septiembre, exigiendo

¡FIN DEL ABANDONO SANITARIO EN LAS CÁRCELES!

¡ABAJO EL PODER PUNITIVO!

¡DEMOLICIÓN DE LA MÁQUINA ASESINA!

Grupo Pro Presxs de MadridTokataPresxs a la Calle AsturiesEx Presxs Sociales COPEL

FRRR

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