TEXTO DESDE PRISIÓN – Las Consecuencias De La Vida En Prisión

PRISON

Artículo escrito por el compañero José Antonio Chavero Mejías, publicado en la revista EL ESPEJO.

He notado que últimamente me falla la vista, que las palabras se deslizan sobre el papel, con un baile desconocido, y es que llevo demasiado tiempo entre estas cuatro paredes, sin mas horizonte que el grís de un muro, coronado de alambres de espino.

Y es que, la tortura en las prisiones se presenta en variadas formas, una de ellas es la estructura de la misma, la poca cantidad y menor calidad del espacio, las celdas están diseñadas para ser represivas, los espacios reducidos fueron concebidos premeditadamente para que los presos se molesten entre si, y para crear conflictos, excusa perfecta para tacharnos de violentos, ya que en nuestra ignorancia nos centramos en defender a cuchillo ese miserable espacio que consideramos “nuestro”, y olvidamos asi quien es el verdadero enemigo.

Otras consecuencias de la vida en prisiones, son los efectos que producen las largas estancias en las mismas, los problemas sensoriales o las consecuencias somáticas; es decir, la pérdida de visión, la audición, el gusto, el olfato, alteraciones de la imagen personal. agotamiento muscular, tensión muscular, así como las consecuencias psicosociales, que serían mas o menos las siguientes: La adaptación anormal al entorno de la cárcel, la exageración de las situaciones, la auto-afirmación agresiva o la sumisión frente a las I.I.P.P., el dominio o la sumisión en las relaciones interpersonales, posible alteración de la sexualidad, ausencia de control frente a la propia vida, estado permanente de ansiedad, ausencia de expectativas de futuro, ausencia de responsabilización, pérdida de vínculos, alteraciones de la afectividad, sensación de desamparo, o sobre demanda afectiva, anormalización del lenguaje, etc.

En este sentido, dijo Goffman (1961), que para comprender a las personas “encerradas”, cualquier grupo de personas, ya sean integrantes de un grupo primitivo, enfermos hospitalizados, miembros de una tripulación, o presos recluídos en centros de tortura, forman una vida propia, que mirada de cerca, se hace significativa, razonable y normal. Ahora bién, mirada desde lejos, puede parecer hostil o incluso inaceptable con un entorno socialmente “normalizado”.

Lamentablemente, las ciencias sociales se siguen mirando a distancia, por eso dijo Goffman, refiriéndose a los presos y a los enfermos mentales, que casi todos los trabajos profesionales realizados con presos o enfermos mentales han sido escritos desde el punto de vista del psiquiatra, que hablando en términos sociales, está ubicado, respecto a mi perspectiva, en el bando opuesto, es decir, al otro lado de la mesa y el sistema.

No creo que en este texto se contengan, ni mucho menos, todas las consecuencias de vivir largas estancias en las prisiones, ya que a cada uno nos afecta de forma distinta, pero en general todos los presos sufrimos las mismas, lo que si tengo claro es que nuestra relación con la institución penitenciaria solo se puede encarar desde dos puntos de vista. Uno, el mas generalizado, es la sumisión ante el sistema penal y el otro, por desgracia (a mi modo de verlo), el menos visible y el mas castigado, es el enfrentamiento al sistema penitenciario, que cada cual decida formar parte del rebaño, o tomar conciencia del entorno que vivimos.

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